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01 junio 2009

explicar el barça de pep a los ingleses a través de la tauromaquia

Ayer, John Carlin publicó en El País un artículo titulado 'La luz del mundo'. Va de fútbol. Va de cómo el Barça de de Pep Guardiola ha aportado la luz necesaria al fútbol y a los ingleses para evitar cualquier discusión sobre cuál es en estos momentos el mejor equipo, al menos, de Europa no sólo por títulos, sino sobre todo por juego. Y para ello, no ha dudado en decir: "Aquí en España vemos la vida, o al menos el deporte, de manera un poco diferente. Tendrá que ver, quizá, con los toros".

Como es costumbre, arrancaba el artículo con una cita, la siguiente:

- "Se reafirmó nuestra fe en que, de vez en cuando, el propósito del fútbol es iluminar el mundo".

James Lawton, veterano periodista del Independent, tras la victoria del Barça en la Champions.

Y luego, el propio Carlin argumentaba:

"La semana pasada, unos cinco días antes de la final de la Champions, varios escritores deportivos de la prensa inglesa reaccionaron con sorpresa e indignación a una declaración de Leo Messi en la que afirmó que su equipo jugaba mejor al fútbol que el Manchester United. ¡Increíble! Porque proponer que el Barça juega mejor que el Manchester es como decir que Barack Obama es más sensato que George W. Bush, o que Nelson Mandela es más simpático que Benjamín Netanyahu, o que los peces nadan y los pájaros vuelan. No hay ninguna necesidad de proclamarlo.

Sólo puede haber una explicación para semejante ridiculez: los ingleses, gente pragmática con una limitada sensibilidad estética, cuentan en sus filas con gente firmemente convencida de que la virtud en el fútbol consiste sencilla y exclusivamente en ganar. Aquí en España vemos la vida, o al menos el deporte, de manera un poco diferente. Tendrá que ver, quizá, con los toros. El resultado, matar al animal, se da por hecho; la gracia consiste en cómo se le mata, en el ritual, en el arte. Este concepto está tan enraizado en la mentalidad española que ni al más fanático aficionado del Real Madrid se le hubiera pasado por la cabeza sugerir esta temporada que su equipo jugaba mejor que el Barça, aunque el Madrid hubiese ganado la Liga. Pero para un inglés, o para uno de aquellos que consideró que las palabras de Messi tuvieron algo de polémica, la solución al problema del toro es otra: sacar una pistola y clavarle una bala entre las cejas".

12 mayo 2009

el momento crucial, por john carlin

Vía :: El País | Algunos extractos del reportaje publicado por John Carlin el pasado 10 de mayo en el suplemento Domingo de El País, titulado El momento crucial, sobre la complicada encrucijada en la que se encuentra el periodismo hoy en día.

"Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación". Así arranca la novela Historia de dos ciudades, de Charles Dickens, el periodista más famoso de todos los tiempos. La trama del libro, escrito en 1859, se desarrolla durante la Revolución Francesa. Dickens, que trabajó en media docena de periódicos, podría haber escrito las mismas palabras hoy sobre la revolución de Internet. La irrupción de la world wide web en el antiguo imperio del periodismo ha provocado incertidumbre y confusión, sin que nadie tenga muy claro si la toma de esta Bastilla debe de ser motivo de esperanza o de desesperación. El consenso sólo existe alrededor de una gran contradicción: que vivimos en el mejor de los tiempos para el periodismo, y también en el peor.

Nunca ha habido una mejor época para hacer periodismo escrito, y nunca ha habido una peor para ganarse la vida ejerciéndol..."

(...)

Cebrián conoce bien esta realidad, pero se ve obligado a reconocer, como Phil Bennett, de The Washington Post, que hay más preguntas que respuestas, que hay que aceptar con humildad que "estamos en la prehistoria" de una nueva era, y que pretender proyectar el futuro con seguridad es de necios.

(...)

La idea, que Bennett apoya de manera entusiasta, es que la fusión de los dos tipos de cerebros, los del periodismo clásico y el digital, ayuden a crear un nuevo modelo viable.

(...)

El gran consuelo del periodista, o del que aspira a serlo, es que lo que él hace no es una moda fugaz. Ha existido y ha estado en ininterrumpida demanda desde mucho antes de la aparición de Internet; mucho antes de la primera imprenta; mucho antes, incluso, que la invención de la rueda. Hace 30.000 años había un grupo familiar o tribal que se sentaba alrededor de un fuego en una cueva. Y ese grupo tenía necesidad de oír las noticias del día o de la semana o del mes. No tenían fotógrafos, pero sí especialistas que cumplían el mismo papel: los que dibujaban la caza del mamut en la pared. No tenían periodistas, escritores como los de hoy, pero sí contadores de historias...

(...)

Al final, lo que perdura, como las grandes novelas del siglo XIX, es la calidad."