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21 julio 2014

feria de julio/ andy cartagena, por la puerta grande


*Crónica publicada en Burladero.com


A 35 grados empezó la de rejones de la Feria de Julio. Bochorno recalentado por el viento de poniente. Más de uno se debió quedar a remojo o con el aire acondicionado a toda pastilla. El público de rejones, por cierto, ya es de por sí caliente. A la mínima se emociona, aplaude con ritmo o sin él y se levanta del asiento como si aquello fuera lo nunca visto. Hubo un espectador que en vez de estar en los toros parecía que estaba en el baloncesto por las veces que se levantó del asiento. Al final acabó contento: Andy Cartagena abrió la puerta grande por una labor tan torera como vistosa y el poniente fue dando una tregua conforme caía la tarde.

El primero de la tarde, largo y vareado, salió frío, que para la caloraca que caía sobre Valencia ya era mérito. Andy Cartagena lo encela, lo deja llegar, a dos pistas muy templado y cambiando de pitón a pitón la embestida con pecho y grupa. Clava solo un rejón de castigo para dejárselo crudo en banderillas. En el segudo tercio cuajó faena de amplios matices en el dominio de la embestida desde la montura. Inevitablemente, además, dejó amplia muestra de todo el espectáculo made in Cartagena. 

El temple en la cuadra de Cartagena a la hora de torear combinó a la perfección con los guiños de cara a la galería. Faena en la que predominó el dominio ante un toro que respondió al envite en todos los terrenos y principalmente en los medios, donde se reunieron casi siempre toro y caballos. Al epílogo un par a dos manos vino a poner el acento de pureza a una muy seria labor. Fue una oreja el premio tras el defectuoso rejón de muerte.

Temple sacó el cuarto. Toro con arrobas, hondura y un fondo de nobleza infinita. Andy Cartagena se mostró a placer en todos los terrenos y suertes: a dos pistas, clavando al violín o en las múltiples piruetas en la misma cara. A los sones de Paquito El Chocolatero lució la doma Pericalvo. Se ve que esa es la orden de Cartegena al menos en Valencia: que le toquen la mítica marcha de moros y cristianos cuando él anda con las banderillas. Para eso se tuvo que interrumpir el pasodoble del foiero de Foios Enrique Ros en homenaje al decano de la crítica taurina en Valencia, Paco Picó, pero que se retomó después para musicar el epílogo. Ya con el toro aplomado el benidormí puso dos pares a dos manos en el cierre de una faena en la que contó en exceso con la complicidad del público. Rejonazo fulminante tras pinchazo y una oreja que le abría la puerta grande.

El segundo de la tarde fue hondo y apretado. Estuvo falto de celo y la faena de Sergio Galán no cogió nunca la continuidad deseada. Había que dejarlo llegar mucho al animal y pese a todo se desentendía mediada la suerte y no permitía rematar al de Cuenca. Con el rejón de muerte no hubo tino en dos intentos y escuchó un aviso antes de que doblara el animal.

Apostó de salida Galán con el cuarto. Se fue a porta gayola montando un equino de precisosas hechuras inglesas de nombre Amuleto. Genio en el toro con dos velocidades. Fue con Ojeda con el que subió el tono de la faena. Se reúne con el toro y se ciñe a la embestida en un emocionante toma y daca en el que el toro cambiaba de velocidad y alcazaba la grupa. A partir de ahí, el temple. Los pares a dos manos con Óleo subieron el nivel de una faena que ya aspiraba a premio grande, pero que tras tres rejonazos y un golpe de descabello pasó al silencio.

El tercero sacó muchos pies y a sus emocionantes arrancadas sacó gran partido Leonardo Hernández. Prendió la mecha con una cabalgada a dos pistas recorriendo el anillo prácticamente en su totalidad, adornado con los clásicos regates y cambios por los adentros. Ofreció distancia y se dejó ver mucho. Espectaculares las cabriolas previas a la reunión con las banderillas. El argumento principal fue la emoción y la raza que sacó el de Luis Terrón. Cerró con un par a dos manos y un carrusel de cortas. Hernández hizo la suerte suprema yendo al toro prácticamente de punta a punta y clavando arriba, pero algo trasero. Merecida oreja para Leonardo Hernández.

Devuelto el sexto por su invalidez, el sobrero con el mismo hierro lució mansedumbre. Leonardo Hernández prendió un rejón de castigo que hizo sangre en exceso. Lo acusó el animal, que se desfondó tras el primer par de banderillas y su consiguiente galopada. A la tarde, entonces, ya no le quedaban más opciones.


FICHA DEL FESTEJO
Plaza de Toros de Valencia, 20 de julio de 2014. Segundo festejo de la Feria de Julio. Toros de Luis Terrón discretos de presentación, nobles, manejables en general y reglamentariamente despuntados para Andy Cartagena (oreja y oreja que le abre la puerta grande), Sergio Galán (silencio tras aviso y silencio) y Leonardo Hernández (oreja y palmas). Un tercio de plaza (unos 4.000 espectadores).

25 julio 2011

vergonzosos los premios de diputació en la feria de julio: ignoran a alberto aguilar y premian a ponce

Vergonzosa ha sido la decisión del jurado que concede los premios de la Diputació de València tras concluir la Feria de Julio. Vergonzosa la manera de cómo se ha ignorado la mejor faena por autenticidad, porque se hizo ante un toro y tuvo verdad y torería. La faena en cuestión, la de Alberto Aguilar a 'Chocolatero' de La Quinta, mejor toro y ganadería. Y mejor faena.

El sexto fue otro tío. Se llamaba 'Chocolatero' y más dulce no pudo ser. Cárdeno, lucero, la mar de guapo y con la seriedad de dos pitones vueltos, que para postre embistió a camara lenta. Un superclase que cuando hundía el hocico tras las telas paraba los relojes. La pena que en el caballo solo se dejó; la otra, que se pico bastante mal a este y a casi toda la corrida.

Alberto Aguilar inició en redondo en los mismo medios. Primero distancia, luego temple y a la segunda serie se permitió un ligero codilleo. Cada muletazo duraba una eternidad por lo despacio que sucedían, por lo largos que eran. Así, profundos, despatarrados y de temple exquisito. Se abandonó y todo en redondo y el toreo al natural lo bordó en las dos últimas series de lo que fue una faena de altos vuelos. Puro placer.

Por contra se ha premiado --¡otra vez!-- a Enrique Ponce por una faena a la impresentable corrida de Garcigrande. Faena buena, pero fácil sin punto de comparación con la de Alberto Aguilar.

El cuarto, bajo, amplio y acapachado fue un dechado de nobleza. El más toro y el mejor de la tarde. Ponce le abrió faena por abajo. Hubo un doblón que fue un auténtico cartel, pero un desarme en el de pecho emborronó tan bello inició.

Faena buena de Ponce. Temple y ajuste en muletazos muy enroscados en redondo. El natural no le salió tan ligado. Luego vinieron las poncinas y algún que otro detalle más con todo a favor de corriente. Y a todo eso, a un toro sin dejar de embestir pastueño una y otra vez. Sonó un aviso antes de entrar a matar y pinchó. Metió una casi entera y sonó otro aviso. Atronó al toro al tercer golper de verduguillo.

Lo dicho, vergonzo. Y además una injusticia.

Pero no, estos premios no tienen entidad y sólo buscan alfombras rojas, glamour político y la foto. Y darle la mejor faena a Enrique Ponce se explica así porque lo demás es faltar a la verdad y hacerle un feo a Alberto Aguilar, que sí lo merecía y lo necesita. Y darle el premio de triunfador a José Tomás, ignorando las puertas grandes de Manzanares, sobre todo la de Saldívar o incluso la regalada a Vicente Barrera, también necesita de más explicaciones. Aunque bien mirado José Tomás era el triunfador de la Feria de Julio desde que se anunció su reaparición.

La lista de premiados es la siguiente:

Triunfador de la Feria de Julio, José Tomás.

Mejor faena, Enrique Ponce.

Mejor estocada, José María Manzanares.

Mejor toreo de capa de matador, Daniel Luque.

Mejor rejoneador, Leonardo Hernández.

Mejor ganadería, La Quinta.

Mejor toro, 'Chocolatero' de La Quinta y que fue lidiado en sexto lugar.

Mejor novillero, David Galván.

Mejor toreo de capa de novillero, David Galván.

Mejor novillo, 'Guapillo' de Los Azores, lidiado en sexto lugar.

Mejor par de banderillas, Alcalareño.

Mejor peón de brega, José Manuel Montoliu.

Mejor picador, Jaime Ruiz 'Soro'.

19 julio 2010

feria de julio 2010/ el cachondeo triunfalista de los rejones



Siete orejas, siete se repartieron Andy Cartagena y Diego Ventura en la corrida de rejones que, con toros de Fermín Bohórquez, se encargó de abrir el abono de la Feria de Julio. Quien lo oiga no dará fe a lo sucedido en una plaza seria y de primera categoría, a menos que tenga una ligera idea de cómo se las gastan en las corridas del antaño llamado arte Marialva y lo facilón y orejista que puede llegar a ser su público.

Se salió del guión el joven Leonardo Hernández, que no se pudo subir al carro triunfalista con su complicado primero. Faena de apreturas y en la que el toro se impuso con claridad en buena parte de las acciones, sorprendiendo siempre al jinete y a sus cabalgaduras. En una de ellas, cuando templaba a dos pistas por los adentros, arreó de manso el murube de Bohórquez y le pegó un puntazo a la yegua Amatista. Con los cambios de cabalgaduras se sucedieron los apretones, hasta que llegó la voltereta sin consecuencias para caballo y rejoneador en los mismos medios. Hubo tensión hasta que el toro se paró definitivamente y entonces complicó el rejón de muerte.

Para entonces Cartagena ya lleva dos orejas y Ventura, una. El de Benidorm más reposado y maduro, rejoneó sobre seguro, templado, con los guiños de doma que tanto engatusan al respetable, y administró muy bien sus dos toros. Clavó clásico, dando distancia, templando la salida, también espectacular al violín marca de la casa y alardeando de valor en desplantes muy para la galería. Con el rejón de muerte anduvo más que certero y así firmó una tarde redonda con cuatro orejas.

Diego Ventura defendió su estatus con la garra que se le supone. Exagerado en casi todo este Ventura. No falló en los momento claves y cuando estaba en juego la puerta grande, remató la jugada y al final de la tarde en su esportón se sumaban tres orejas.

Leonardo Hernández hizo méritos con el que cerró plaza, trabajó bien al toro, le administró los terrenos y esta vez, sí gobernó una lucida faena, pero el rejonazo final no fue acertado y se vio obligado a descabellar.

La plaza registró media entrada muy justa, lo propio para una cartel sin competencia. Faltaba Hermoso de Mendoza, que va en una mixta intrascendente, y eso se notó. También lo exagerados que son los festejos de rejones en cuanto a la concesión de trofeos, ya que si nos ponemos puros, rejoneo del bueno no hubo ni para la mitad de orejas, pero como al parecer aquí de lo que se trata es de ser felices, pues ¡Qué viva España!, pasodoble que ya ha sonado dos días seguidos en la plaza de toros de València, y que esperemos que no se generalice y el cachondeo verbenero no lo tengamos que sufrir todos los días.


PS: La primera merienda de la Fira de Juliol debe tener un sabor especial, más si es de las primeras que te zampas en tu vida en un día de toros y te la prepara tu abuelo.


16 septiembre 2009

feria de albacete/ rejones a remojo

*La sinceridad ante todo. Jamás creí que aguantase una corrida de rejones soportando un serio aguacero. Lo mejor de la tarde fue ver al final de todo el arco iris, pero pese a todo fui capaz de escribir la crónica que sigue más abajo.



Se prometía muy feliz la tarde con un lleno a rebosar. Es el poder de los rejones con Hermoso de Mendoza –que sólo pudo matar, porque por una lumbalgia se vio obligado a pasar a la enfermería–, Fermín Bohórquez y Leonardo Hernández, que, pese al cambio de la ganadería anunciada de Benítez Cubero por una de Luis Terrón, daban a la plaza una espectacular imagen con los tendidos totalmente poblados. Pero de pronto asomaron los cárdenos nubarrones y los malos presagios se cernieron cuando el segundo toro pisaba el ruedo.
La fiesta con Hermoso de Mendoza en plena actuación se puso a remojo y el diluvio fue inmisericorde para con todos. Respetó a los tercer y cuarto toros, y con el quinto ya no tuvo clemencia y la corrida no tuvo más que suspenderse haciendo caso al sentido común, aunque los aficionados ya a remojo no tuvieran inconveniente ver el último toro del encierro.
Agua va, gritaron los cielos y allí nadie quedó a salvo. Porque ya se sabe, conforme iba cayendo el estado del piso se complicaba para toros y, sobre todo, para caballos y rejoneadores. En una corrida de rejones el agarre de las cabalgaduras es fundamental, y más conforme tienen por costumbre ajustar los tres caballeros en cartel a la hora de hacer quiebros, cabalgar a dos pistas o ceñir piruetas en la misma cara de los astados. Y la primera tromba, la que cayó en el segundo, dio un respiro en los dos toros siguientes al piso de plaza y a los paraguas y chubasqueros que no daban abasto.
Hasta el momento, Fermín Bohórquez había dado una lección más de su doma académica. Anovillado el ejemplar de Terrón y frío de salida, Bohórquez enceló con temple y sin tirón alguno. Porque no será el rejoneador jerezano el más espectacular, pero sí uno de los más académicos y eso se nota a la hora de administrar a sus oponentes. Los va ahormando, les va sacando sus virtudes y cuando menos te lo esperas, a lomos de Sinfonía suelta la cintura y clava reunido a dos manos en todo lo alto. Así ocurrió y su primera faena hubiera merecido premio de no ser por el feo rejonazo con el que finiquitó al animal.
La peor parte del festejo se la llevó el navarro Pablo Hermoso de Mendoza. La meteorología no tuvo en cuenta su estatus de figura máxima del rejoneo y además tuvo la mala suerte de que cuando intentaba enlazar una serie con banderillas cortas por lo adentros, se vio en el lance de no encontrar toro con el fastidio de que le crujiese la espalda y le atacase la lumbalgia que tantos quebraderos de cabeza le da últimamente.
La faena de Hermoso, en la que destacaron como es costumbre Chenel e Ícaro, estuvo empañada por la lluvia, el trajín de paraguas y chubasqueros en las gradas, la ostensible flojera del de Terrón, que como sus compañeros de camada tenía poca presencia y no superaba los 470 kilos de peso, y el fallo con el rejón de muerte con el estellés ya lesionado.
Fue pasar Hermoso de Mendoza a la enfermería, y el cielo dar una tregua para que el Leonardo Hernández diese ejemplo de su insultante juventud y valor. Con banderillas se pegó un auténtico arrimón. De costa a costa, citaba de largo, clavaba en los mismos medios esperando una enormidad y al toro se lo llevaba enganchado al estribo cabalgando a dos pistas. Lo repitió en varias ocasiones pese al mal estado del piso, que le jugó incluso alguna mala pasada al asumir riesgos sólo al alcance de los que quieren ser gente esto. Por suerte, con los derrotes que le lanzó el toro o cuando se vio a merced entre las tablas y el animal, no ocurrió nada que lamentar y el torero todavía se estimuló más todavía para culminar su actuación con tres emocionantes banderillas cortas al violín. Pero luego echó por tierra su labor con un rejonazo trasero y dos golpes de descabello.
El cuarto fue frío de salida y Fermín Bohórquez tuvo que clavar dos rejones de castigo para ver si espabilaba, pero como que no. Los auxiliares, tan menospreciados en los festejos de rejones, hicieron con sus capotes la labor de sujetar al animal para que no se aquerenciase más todavía. Y Bohórquez puso el resto hasta de nuevo hacer demostración de doma y poder y clavar a dos manos, siendo esto lo más destacado de su actuación. El borrón, de nuevo, con la muerte ya que descordó al toro.
Y como Hermoso andaba en la enfermería, se corrió turno. Salió el que estaba reseñado como sexto para Leonardo Hernández, que ya tuvo que cabalgar con el diluvio final que daría al traste con la corrida en su penúltimo episodio. Un toro feo de hechuras y descompensado con sus 577 kilos con el resto de la corrida. Se jugó el tipo de nuevo esta vez con Amatista haciendo piruetas de alto riesgo, y más conforme estaba el piso. En una inverosímil por los adentros resultó cogido sin consecuencias y remató su actuación con un recital de tres banderillas al violín. La altura de la faena se estropeó de nuevo con los aceros y ya no quedaba sitio para más. La lluvia se había encargado de dejar impracticable el ruedo, y lo que se antojaba una tarde de expectación y triunfo, acabó a remojo.