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26 julio 2010
feria de julio 2010/ una orejita para juan cervera en medio de una moruchada

Feria de Julio. Plaza de toros de València, 25 de julio de 2010. Novillos de Los Chospes para Rafael Castellanos, Juan Cervera y Fernando Beltrán.
Juan Cervera cortó una orejita el día que se presentó con picadores ante la afición valenciana. Fernando Beltrán, que también se presentaba y al mismo tiempo debutaba con picadores, fue ovacionado. Los dos se justificaron y un poco menos Rafael Castellanos, que estaba anunciado por no sé qué compromiso de Santiago López. El fracaso estrepitoso fue el de los novillos de Los Chospes.
Novillada de mansedumbre supina y preocupante descastamiento. Nada que ver con su buena presentación. Salían con lustre y luego se interpretaban huecos y no eran capaces ni de humillar. El primero manseó de salida, sin entrega, sin querer caballo, tardeando en banderillas y luego también. El problema es para la cuadrilla y para Castellanos, muy escaso de recursos. Lo mismo el segundo, que engañó de salida para luego achantarse y quedarse. Parado el tercero, manso y huidizo el cuarto, sin codicia el quinto y mentiroso el sexto.
A Castellanos le faltaron tablas en el primero, y al cuarto lo persiguió por el ruedo y algún que otro viaje le aprovechó para que luego se le complicase todo para acabar escuchando dos avisos.
Cervera es capaz de levantar una ovación con sólo un natural, pinturería le sobra. Lo peor es que por ahora mayoritariamente los da de uno en uno y de vez en cuando se acaba enroscando uno que roza la perfección. En València en esta tarde fueron dos de esos, más algún lance a la verónica.
Su primero no descolgó, se defendió y nunca quiso embestir. Cervera buscó las vueltas también con escasos recursos, con un exceso de fidelidad a su concepto, que mejor lo desarrolló en el quinto. Fue un animal muy tardo, al que hubo que llegarle mucho. La faena fue más de tesón que de poder. Pinchazo y estocada resolvieron en una oreja.
Fernando Beltrán, de Faura, se presentaba con picadores, con una total disposición que se encargó de demostrar en cuanto tuvo ocasión. Insoportable su primero por parado, Beltrán al final acabó pareciendo un matador consagrado porque acabó por inventarse una faena, que si no llega a ser por la espada acaba valiendo una oreja.
El sexto sacó carácter de bravucón mentiroso. Igual se arrancaba que medía y se lo repensaba todo, como hizo en banderillas. Beltrán le tragó tarascadas varias en una demostración interna que de nada servía de cara a la galería.
Esto es así y así fue la Fira de Juliol, que con su fin la plaza de toros de València cierra por esta temporada. Como decimos por aquí: 'Coneixement', sobre todo a la Diputació de València que está al frente de las obras que motivan el cierre. Y hasta Fallas de 2011, aunque parezca demasiado, a esperar que en este tiempo de sequía taurina que se nos viene encima nadie tenga que arrepentirse de nada. Y es que todo se puede hacer mucho mejor y no todo se arregla precismente a ladrillazos.
12 marzo 2009
fallas 2009/ la lección de luis miguel casares a carta cabal
En la plaza hubo mucho más que un novillero. Un novillero solamente no es más que un proyecto de torero. A partir de ahí son cientos los que acaban desengañándose, algunos los que dan el salto por casualidad y otros, muy poquitos, los que de verdad acaban finalizando el proyecto de ser torero. Es decir, matador de toros. Luis Miguel Casares, por lo mostrado esta tarde, está en ése último apartado y sería una decepción que no llegase a todo lo que apunta.Mimbres tiene de sobra. Temple, valor, seriedad, inteligencia y buen concepto. Y por lo visto, es capaz con el regular y con el menos regular. Su padre, Justo Benítez, estará feliz. Porque si no triunfó en la tarde de ayer en Valencia fue porque la maldita casta le ordenó al novillo que se levantará y luego vino la lotería del descabello. Porque tras la oreja cortada a su primero, era la salida por la Puerta Grande lo que se barruntaba una media plaza, que al final acabó llevándose un chasco al ver al tal Casares sin perder la compostura ni mudar el gesto, pero con una tremenda paliza en el cuerpo y sin la salida en triunfo.
Cosas de torero importante son por ahora las que tiene. A su primero lo veroniqueó con suavidad y temple. Y eso del temple parece que lo tenga como virtud innata y puede ser el cimiento de muchas cosas. Huidizo el de Garcigrande, en terrenos de chiqueros lo persiguió, se metió entre los pitones, voló un par de metros arriba, ni se miró y siguió persiguiéndolo hasta que en el tercio le dio unos circulares por aquí y por allí, y otra vez, siempre por debajo de la pala la franela, hasta quedar claro todo aquello que hemos dicho hasta aquí. Luego se tiró a matar, y lo mató. Oreja.
En el quinto dio una lección de lo que es estar en novillero a carta cabal. De los que quieren ser torero y saben cómo es el camino y toda la dureza que entraña y no tuercen el gesto. De los que, aprovechando que pasamos por Valencia, están a la altura de cualquier circunstancia. Un novillo manso pero con motor y sin claridad en su embestida, se encontró delante a Luis Miguel Casares, que lo saludó andándole hacia atrás buscando los medios, que se dobló con él de inicio y que toreaba con mando con los vuelos de la muleta, obligando a romper al animal.
Tal vez más claro por el derecho, por el izquierdo algún atragantón, pero el novillero sin desestimar ninguno de los dos y tratando de hacer el toreo en todo momento con la cabeza muy fría y sin impresionarse. Así se llevó otra voltereta que le dejó algún varetazo, pero que no le quitó las ganas. Al contrario, era un incentivo más para seguir arreando siempre hacia adelante para hacer el toreo por abajo, con lo que le cuesta a tantos. Y en esas vino otro volantín, y lo mismo. El novillero hacia adelante hasta que allí quedó del todo claro que él era el que se había impuesto. La estocada quedó algo trasera y el deseo de todos a corto plazo no pudo ser. A medio y a largo se verá, pero diremos que sí.
La novillada, con tres de Domingo Hernández (1, 3 y 6) y tres de Garcigrande (2, 4 y 5), fue mansa, encastada y manejable. De los seis destacó el cuarto, de nombre Dédalo, un novillo de escándalo y triunfo gordo. Le correspondió a Miguel Giménez, que se llevó el lote y lamentablemente no dijo todo lo requerían sus novillos. Pases dio muchos y la mayoría académicos. Pero de lo que se dice torear --mandar, someter, conducir la embestida--, más bien poco. Siempre muy al aire de los novillos, del primero que de tan dulce y noblón parecía tonto y del quinto, que fue una máquina de embestida humillada y con transmisión más que suficiente para llegar al público y más, pero lo de Miguel Giménez tuvo tanta voluntad como escasa enjundia.
Rafael Castellanos se presentaba ayer con picadores y se pasa los inviernos en Ambiciones, con Jesulín de Ubrique, que andaba por el callejón. Nos lo dijo María José Campanario, la mujer de Jesús, que estaba presenciando la novillada en una barrera de sombra. Tiene buenas formas y también la ternura propia del que empieza, pero enseñar pudo enseñar bien poco. Su primero fue pura basura y el sexto fue sólo un poco menos malo. El novillero trata de darle hondura a su toreo y monta la espada levantando el acero tanto o más como lo hacía José Miguel Arroyo.
El de Castellanos es un proyecto que acaba de empezar. En cambio del de Luis Miguel Casares los aficionados se decían unos a otros "hay torero, hay torero".
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