La revolución existe en pleno siglo XXI. La humanidad vive, respira y late, y es capaz de elegir por sí misma e imponerse a la injusticia tiránica de los dictadores. Y parecía que no. Primero fue Túnez, ejemplo y aviso. Y ayer Egipto. Enhorabuena. Porque tres meses antes nadie lo hubiera dicho.
La sociedad egipcia ha alzado la voz de forma insistente desde el 25 de enero hasta ayer, 11 de febrero de 2011, preciosa fecha capicúa, cuando el dictador Mubarak se vio forzado a dimitir. Ni sociedad ni ejército lo apoyan. Es el merecido sino de los dictadores: que la sociedad se deshaga de su imposición. O al menos así debería ser y no dejarlos morir sin culpa en la cama. Aqui uno de los muchos que deben sentir envidia de lo que los egipcios han sido capaces y no lograron las generaciones anteriores de este país, España.
Hace tres meses estaba en Egipto. Tras unos días por el Nilo, llegamos al aeropuerto de El Cairo. Nada más subir al microbus que habría de llevarnos al hotel Ramses Hilton, un control policial. Le pregunté al guía, con el que ya habíamos logrado cierta confianza, si eso era normal. Sí, es normal. La seguridad y control sobre los turistas era una prioridad. Lo demás también era normal: el caos, la suciedad, la contaminación, una ciudad en movimiento, viva, las 24 horas del día. El perfecto orden del caos, que es como definió nuestro guía a su ciudad, El Cairo.
La 'normalidad' se rompió el 25 de enero. Una gran mayoría de la sociedad, tras el ejemplo y aviso de Túnez, ha decidido sacudirse por vía de la revolución la imposición del régimen tejido por Mubarak tras más de 30 años en el poder. La sociedad egipcia, además de estar regida por la religión y la costumbre --como se encargó de transmitirnos nuestro guía--, ha estado movida por el poder de Mubarak, a quien hace tres meses pocos, muy pocos soñaban con expulsar del poder.
Hace tres meses te asomabas al balcón desde una habitación del hotel Ramses Hilton y podías grabar y o tomar fotos panorámicas (como la de arriba) de El Cairo y su 'normalidad'. Hoy, en cambio, la presión es tal que hemos visto como entran en esas mismas habitaciones para requisar el material de los periodistas que allí se alojan y que tienen la plaza Tahrir, centro de la revolución, a la izquierda de la imagen, justo detrás de los puentes y carreteras.
Plaza Talaat Harb.
Hace tres meses unos jóvenes cairotas estudiantes de español tropezaban con nosotros cera de la plaza circular Talaat Harb square y decidían acompañarnos. Por practicar su español ellos, nosotros por curiosear. Querían saber como venir a España. Nos preguntaban si era muy diferente. De fútbol estaban al día. Les preguntábamos sobre la política en su país, si había posibilidad de cambio, y en todos los casos su postura era la resignación... y hoy pues probablemente estarán en la calle.
Cuando voy de viaje soy de echar muchas fotos. Otra cosa es que alguna me salgan bien. Las suelo disparar a discreción, pero hay veces en las que me salen temáticas. Como aquella noche en París en la que me sorprendió ver a demasiados sintecho durmiendo en la calle. O como casi siempre, series temáticas de dos tipos: de retratos (primeros planos, normalmente, de los que me acompañan, si es que hay grupo); y 'taurinas'.
Lo taurino siempre se acaba cruzando en el camino de los aficionados. Me pasó, por ejemplo, en Nápoles, y busqué también cualquier referencia en Londres, adonde vuelvo mañana para pasar unos días.
Pero antes de empezar un nuevo viaje hay que finiquitar el último, a Egipto, del cual todavía me queda pendiente un post, este: El toro del Nilo, de Abu Simbel a Alejandría.
El toro, mito, símbolo y necesidad. En Abu Simbel...
Pastando junto al Nilo, algún pariente lejano de escasa casta y feas hechuras...
En Edfú, hombre con cabeza de toro...
O en Luxor, el típico altote y de escaso trapío...
O uno, cerca de la avenida de las esfinges que recientemente ha sido noticia por nuevos hallazgos...,
ya más serio y cuajado...
En El Cairo, concretamente en el bazar Khan El Khalili, complicado va a ser no encontrar cualquier cosa aunque sea por pura casualidad. Aunque este cuadro llama soberanamente la atención entre tanto típico souvenir egipcio, ¿o no?
De El Cairo fuimos a Alejandría. Entrando a la ciudad, una furgoneta que llevaba a dos bueyes al matadero.
Y en la impresionante (y moderna) biblioteca de Alejandría
donde es aconsejable perderse si hay tiempo,
y buscar...
porque seguro que acaba por aparecer alguna cosa. ¿Nos conformamos con Lorca, la Generación del 27 o Miguel Hernández como referentes de la cultura y la literatura con estrecha relación con la tauromaquia?
¿Pero y en la pirámides no hay toros o qué pasa? Pues no, aparentemente (y por fuera), no. Pero como uno es previsor, pues los reivindicó. Junto a las Pirámides de Giza fue un servidor quien dejo toros sí.
Ya va a hacer 20 días que regresamos de Egipto y sólo tres posts tras el viaje se me antojan poco. Creo que lo mejor será dejarlo en cinco. Así que este será el penúltimo. Quien esté dispuesto a seguirlo que se arme de valor porque va largo, largo, muy largo.
Egipto, su historia, engancha. No hay que justificar dicha información: construcciones de más de 5.000 años algunas de ellas, como las pirámides de Giza, creo que lo dejan todo bastante claro. Pero lo que es necesario saber, además, es que Egipto es una de las fronteras del tercer mundo y que por el elevado turismo están acostumbrados a vender lo que sea y siempre obligándote a regatear sí o sí, a extender su mano solicitando propina o a pedir, aunque esto las menos ocasiones.
En ese sentido no hay edad. A la salida del obelisco inacabado de Assuán encontramos el primer ejemplo de lo que sería. Un niña vendía puntos de lectura de papiro (?) con la ilusión de recibir un euro a cambio.
Digamos que es la primera impresión. La segunda, un aeropuerto para turistas en Abu Simbel.
Nada que ver con la maravilla de sus templos excavados en la roca, el impresionante trabajo que se intuye en la antgüedad y el no menos sorprendente que los salvó del lago artificial más grande del mundo, el lago Nasser.
Con los trayectos del aeropuerto al barco, uno se entera de cómo es la conducción, aunque ese apartado es mejor verlo en El Cairo. Pero una cosa hay que tenerla clara, lo del límite de pasajeros en motos o coches es bastante flexible.
El viaje ya marcha, lo mejor será que te vayas dando cuenta de que tu familia por unos días y a todas horas será un grupo de personas con los que irás a todas partes y un guía que no callará ni debajo del agua. Así que si con ellos entablas una buena relación mejor que mejor (y he de decir que esto fue lo más fácil de todo el viaje, pero creo que es más una cuestión de suerte).
Egipto es una país de contrastes. El del pasado con el presente es el más obvio, pero es que allá donde menos te lo esperes hay siempre pequeñas joyas que te acabaran sorprendiendo como por ejemplo, disfrutar de un amanecer en el Nilo.
O de un atardecer...
Pero estampas decadentes también las hay. Para qué engañarnos. Edfú, de paso obligado para contemplar el templo de Horus, nos dio varios ejemplos.
Por cierto, de todos los monumentos visitados el único en el que se llegó a sentir un agobio como si todos los turistas que pululan por Egipto se hubiesen citado allí, fue en el templo de Horus.
El Nilo es una de las vías de comunicación de Egipto. Una importante cantidad de cruceros lo recorren en uno u otro sentido y hay un punto, el de la antigua presa y la esclusa, en el que se van apelotonando. Desde Edfú a Luxor es paso obligado. Es obligado detenerse, acercarse a la orilla y esperar a que llegue el turno. Sin salir del barco. Mientras dura la espera, desde la orilla aprovechan para pedir o para vender. Un espectáculo que da qué pensar cuando ves a niños lanzarse al Nilo para pedir euros.
Por cierto, el burro en Egipto no está en peligro de extinción.
Y por fin se pasa la esclusa, que se encarga de bajarte unos seis metros.
Por fin se llega a Luxor. Bonita ciudad, con el templo en pleno centro. Descubres lo nocturnos que son los egipcios. Después de cenar los chicos juegan al fútbol junto al obelisco solitario porque alguien decidió llevarse a su hermano gemelo a la plaza de la Concordia de París.
Es obligado perderse un poco por las calles de Luxor para encontrar misteriosas esquinas...
Descubrir barberías abiertas pasadas las 10 de la noche...
Una tintorería...
Una farmacia en la que la Viagra es su principal reclamo...
O una oficina de cambio de moneda en la que todavía se puede ¿cambiar pesetas?
Pero claro, Luxor también es su templo y el de Karnak, el Valle de los Reyes o los colosos de Memnón y alguna que otra riqueza más del antiguo Egipto.
Por cierto, la avenida de las esfinges que ha sido recientemente noticia está allí.
A El Cairo llegas ya con el aviso del guía: "es el orden del caos"; y con las advertencias de los libros para turistas sobre el ragateo, el tráfico salvaje y la contaminación. Con lo que no cuentas es que al asomarte al balcón de tu lujoso hotel a contemplar una de las urbes más pobladas del mundo, cerca de unos 20 millones, te encuentres con la siguiente estampa en el vecindario: unas cabras equilibristas en el tejado! Justo en el bar de abajo habíamos cenado la noche anterior.
A la primera que pisas la calle descubres lo del tráfico, porque el colapso puede suceder a cualquier hora del día, te das cuenta de que las aceras apenas existen, que la calzada es de todos y que cruzar es emocionante de verdad.
La actividad nocturna, otra vez, es de admirar. Atiendan a la tienda de lencería, el escaparate y su dependienta. No deja de ser curioso.
Y por último, por supuesto, las pirámides de Giza. Impresionantes. Impactan nada más verlas aparecer entre la bruma cairota de la mañana.
Ante tal inmensidad y tantos años de historia, lo normal es que ante las pirámides y la esfinge te sientas una nimiedad.