Mostrando entradas con la etiqueta miguel giménez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta miguel giménez. Mostrar todas las entradas

20 marzo 2011

fallas 2011/ pésima novillada de guadaira

López Simón.

La última jornada de la Feria de Fallas fue doble y empezó con decepción. La novillada de matinal de Guadaira fue pura bazofia. Tan bonita de hechuras como vacía, floja y descastada.

La terna de novilleros --Miguel Giménez, Diego Silveti y López Simón-- estrelló todas sus buenas voluntades frente a las escasas posibilidades de los utreros de Guadaira.

Ganas y voluntad de Miguel Giménez, que saludó ovación en el cuarto y se embarulló con la espada en el primero tras hacer una templada faena. Diego Silveti aportó variedad con la capa y con la muleta demostró más ternura que otra cosa. López Simón se dio una vuelta al ruedo tras demostrar firmeza con el segundo de la mañana, mientras que del sexto sacó lo que pudo cruzándose mucho, pero ni por esas.

18 octubre 2010

carlos durán, vuelta al ruedo en su presentación en las ventas

El novillero valenciano Carlos Durán dio una vuelta al ruedo en la tarde de su presentación en Las Ventas con una novillada de Montes de Oca. Miguel Giménez, también valenciano, saldó su presentación en Las Ventas con una herida en el brazo izquierdo.

Vía :: Burladero.com |

Madrid, 17 de octubre from Burladero.com on Vimeo.

09 mayo 2010

estocadón de miguel giménez


La novillería hace por adaptarse perfectamente a los peores vicios que sostienen la nociva tauromaquia moderna. De un tiempo a esta parte se viene viendo generación tras generación. La tauromaquia moderna es aquella que requiere de un toro que ni apriete ni moleste; es superflua, monótona y más que previsible. Y nada tiene que ver con el parar, templar y mandar ni con el echar pata adelante.

Los novilleros en proyecto tienen como fin esa meta. Comienzan a perseguirla con una falta de rodaje más que patente. Sirvan de ejemplo en diferente mesura los tres que hicieron el paseíllo en València por la festividad de la Mare de Déu del Desemparats, Miguel Giménez, Thomas Duffau y Juan Sarrión, para dar cuenta de una novillada de La Quinta desigual de presentación, noble en conjunto, de la que destacaron el primero, el cuarto por su seriedad y el quinto de una tarde que empezó lluviosa y acabó soleada.

Hubo novillos para exigir y mandarles, pero todos se fueron con mucho que torear por un abuso de la línea recta. Y al final de la partida lo que sorprendía es que doblaban las manos con la espada metida y lo hacía todavía con la boca cerrada.

El primer santacoloma, un renacuajo de 403 kilos, tuvo casta y nobleza. El novillero de la Pobla de Vallbona anduvo ligero en exceso, sin profundizar. Pero como tiene raza, se desquitó con el cuarto, que tenía la seriedad de un toro en la mirada. Pronto, su defecto fue embestir con la cara a media altura. Por el derecho se orientó enseguida y con decoro Giménez optó le dio fiesta por el izquierdo hasta que, por consejos llegados desde el callejón, optó por efectistas molinetes y luego por las manoletinas para agitar al facilón público valenciano, que en un cuarto se repartía por nayas y tendidos.

Se habría olvidado el conjunto por su escasa profundidad si no llega a ser porque Miguel Giménez sacó la raza y se volcó con tremenda decisión sobre el morrillo para dejar un estocadón en todo lo alto que dejó al novillo rodado sin puntilla. Sin duda, lo mejor y lo más torero de la tarde que bien valía una oreja.


El francés Thomas Duffau también cortó una oreja muy facilona. A lo mejor en esto influye que tu consejero desde el callejón sea el empresario de la plaza. Ahí queda la duda. Lo cierto es que a Duffau le falta rematar los muletazos, imponer su mando, y para ello debe echar la pata que esconde adelante. Su primero fue el peor de la tarde por distraído. No se empleó salió siempre suelto de las telas. El bueno fue el quinto, de nombre 'Pica Pica', un novillo con tranco que iba y venía con tremenda nobleza al que se le echó en falta ser mejor en los finales, aunque tal vez ahí quien falló fue Duffau, que no remataba. Toreaba, si a eso se le llama torear, en línea recta, sin llevárselos atrás. Luego optó por los plúmbeos circulares en los que se le ve más a gusto. Dejó una buena estocada, algo trasera, y pese a los errores del puntillero acabó cortando una orejita.

Juan Sarrión necesita mejorar y mucho. Su primero, un precioso cárdeno claro y algo capirote, dejaba estar. Por encontrarle algún defecto, que se metía un pelín por dentro, pero sin maldad ninguna. Sarrión no se encontró en ningún momento y con la espada también enseñó sus carencias, ya que no pasa y no consigue rematar la suerte. El sexto, el único de pelo negro, fue el más incierto. Un novillo al que había que llegar, esperarle y que luego se quería quedar debajo. Sarrión con este, evidentemente, pudo mucho menos.

22 septiembre 2009

novillero por exceso



No sé si aquello que dijo William Blake de que "el camino del exceso lleva al palacio del saber" puede aplicarse al no menos complicado intento de llegar a ser torero, pero por ahí anda el novillero José Arévalo. Novillero por exceso puede decirse que es el tal Arévalo, natural de Moncada, pueblo de l'Horta Nord.

Excesivo en todo porque sus condiciones se lo permiten, José Arévalo fue capaz de recibir a sus dos novillos, con el hierro de Salvador Domecq, a porta gayola; a su primero darle acto seguido cinco o seis verónicas de rodillas; entrar en quites por faroles; clavar a sus dos novillos la friolera de nueve pares de banderillas; y recibir un par de volteretas y levantarse como un resorte como si tuviese muelles en lugar de piernas. De tan fuerte que va, se queda sin espacio de frenada; y en el toreo ya se sabe, las cosas cuanto más despacio, mejor. Por eso las dudas, que no sé si por el camino del exceso se puede llegar al palacio, digamos, del toreo, o más bien, tanto puede acabar siendo defecto.

Pero ahí anda. En Valencia está en la final del certamen Camino --otra vez-- a Matador de Toros y en Algemesí acaba de cortar tres orejas con la evidente generosidad que se gastan en plena Setmana de Bous estas gentes de La Ribera por toda su hiperactividad torera aunque luego con la muleta el buen segundo, tras quemarlo antes de tiempo, le llegase con pocas ganas de pelea y al quinto lo violentase con tanto revuelo y luego no acertase a mandar. Fueron dos a su primero y una al otro, tras dos certeras estocadas en ambos.

Miguel Giménez, de la Pobla de Vallbona, en Camp de Túria, es novillero más comedido, pero el furor de la tarde, el escenario y la compañía lo acabaron contagiando. Le falta el gusto que intenta imprimir, pero se queda quieto y corre la mano con temple. Se llevó un chasco cuando intentó entrar en quites en el segundo de la tarde, pero Arévalo le dijo que no, que no había habido un segundo puyazo y que no tenía derecho. Con el rabo entre las piernas se tapó y luego lo arregló con un brindis al compañero. Como las circunstancias obligaban, arreó también lo suyo con saludando con largas a su dos novillos, jugó demasido en las cercanías con su primero y se llevó también una voltereta, pero a la hora de matar todo se le hizo cuesta arriba. Luego lo solventó bien con el cuarto, con el que empezó sentado en una silla y se volvió a quedar quieto y sacó recursos. Matar esta vez sí mató y se llevó otras dos orejas de idéntico peso a las que había cortado su compañero.

En el número del caballito actuó el portugués Manuel Lupi, que anduvo profesional pero sin apreturas. El rectágulo de Algemesí, como a casi todos los rejoneadores, se le quedó pequeño. Cortó otra generosa oreja. Una más que sumar al total de la tarde, que fue de seis y todos felices. La novillada de Salvador Domecq tuvo una presencia aceptable, salvo el tercero para rejones, sin trapío, y tuvo fondo aunque estuvo algo justa de fuerzas.

12 marzo 2009

fallas 2009/ la lección de luis miguel casares a carta cabal

En la plaza hubo mucho más que un novillero. Un novillero solamente no es más que un proyecto de torero. A partir de ahí son cientos los que acaban desengañándose, algunos los que dan el salto por casualidad y otros, muy poquitos, los que de verdad acaban finalizando el proyecto de ser torero. Es decir, matador de toros. Luis Miguel Casares, por lo mostrado esta tarde, está en ése último apartado y sería una decepción que no llegase a todo lo que apunta.

Mimbres tiene de sobra. Temple, valor, seriedad, inteligencia y buen concepto. Y por lo visto, es capaz con el regular y con el menos regular. Su padre, Justo Benítez, estará feliz. Porque si no triunfó en la tarde de ayer en Valencia fue porque la maldita casta le ordenó al novillo que se levantará y luego vino la lotería del descabello. Porque tras la oreja cortada a su primero, era la salida por la Puerta Grande lo que se barruntaba una media plaza, que al final acabó llevándose un chasco al ver al tal Casares sin perder la compostura ni mudar el gesto, pero con una tremenda paliza en el cuerpo y sin la salida en triunfo.

Cosas de torero importante son por ahora las que tiene. A su primero lo veroniqueó con suavidad y temple. Y eso del temple parece que lo tenga como virtud innata y puede ser el cimiento de muchas cosas. Huidizo el de Garcigrande, en terrenos de chiqueros lo persiguió, se metió entre los pitones, voló un par de metros arriba, ni se miró y siguió persiguiéndolo hasta que en el tercio le dio unos circulares por aquí y por allí, y otra vez, siempre por debajo de la pala la franela, hasta quedar claro todo aquello que hemos dicho hasta aquí. Luego se tiró a matar, y lo mató. Oreja.

En el quinto dio una lección de lo que es estar en novillero a carta cabal. De los que quieren ser torero y saben cómo es el camino y toda la dureza que entraña y no tuercen el gesto. De los que, aprovechando que pasamos por Valencia, están a la altura de cualquier circunstancia. Un novillo manso pero con motor y sin claridad en su embestida, se encontró delante a Luis Miguel Casares, que lo saludó andándole hacia atrás buscando los medios, que se dobló con él de inicio y que toreaba con mando con los vuelos de la muleta, obligando a romper al animal.

Tal vez más claro por el derecho, por el izquierdo algún atragantón, pero el novillero sin desestimar ninguno de los dos y tratando de hacer el toreo en todo momento con la cabeza muy fría y sin impresionarse. Así se llevó otra voltereta que le dejó algún varetazo, pero que no le quitó las ganas. Al contrario, era un incentivo más para seguir arreando siempre hacia adelante para hacer el toreo por abajo, con lo que le cuesta a tantos. Y en esas vino otro volantín, y lo mismo. El novillero hacia adelante hasta que allí quedó del todo claro que él era el que se había impuesto. La estocada quedó algo trasera y el deseo de todos a corto plazo no pudo ser. A medio y a largo se verá, pero diremos que sí.

La novillada, con tres de Domingo Hernández (1, 3 y 6) y tres de Garcigrande (2, 4 y 5), fue mansa, encastada y manejable. De los seis destacó el cuarto, de nombre Dédalo, un novillo de escándalo y triunfo gordo. Le correspondió a Miguel Giménez, que se llevó el lote y lamentablemente no dijo todo lo requerían sus novillos. Pases dio muchos y la mayoría académicos. Pero de lo que se dice torear --mandar, someter, conducir la embestida--, más bien poco. Siempre muy al aire de los novillos, del primero que de tan dulce y noblón parecía tonto y del quinto, que fue una máquina de embestida humillada y con transmisión más que suficiente para llegar al público y más, pero lo de Miguel Giménez tuvo tanta voluntad como escasa enjundia.

Rafael Castellanos se presentaba ayer con picadores y se pasa los inviernos en Ambiciones, con Jesulín de Ubrique, que andaba por el callejón. Nos lo dijo María José Campanario, la mujer de Jesús, que estaba presenciando la novillada en una barrera de sombra. Tiene buenas formas y también la ternura propia del que empieza, pero enseñar pudo enseñar bien poco. Su primero fue pura basura y el sexto fue sólo un poco menos malo. El novillero trata de darle hondura a su toreo y monta la espada levantando el acero tanto o más como lo hacía José Miguel Arroyo.

El de Castellanos es un proyecto que acaba de empezar. En cambio del de Luis Miguel Casares los aficionados se decían unos a otros "hay torero, hay torero".