Serán lidiados esta tarde por Diego Urdiales, Morenito de Aranda y Jiménez Fortes. Un cartelazo.
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08 julio 2015
06 agosto 2011
el juli y luque en bayona ante una corrida de joselito
Triunfo de El Juli (tres orejas) y Daniel Luque (cuatro orejas) ante una interesante corrida de El Tajo y La Reina, de José Miguel Arroyo, en Bayona.
Vía :: Feria.tv |
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25 agosto 2010
24 agosto 2010
aste nagusia 2010/ cuestión de casta y arte
Bilbao. Corridas Generales, 24 de agosto 2010. Toros de El Tajo y de La Reina para Morante de la Puebla, Sebastián Castella y Leandro.
Cuestión de casta y de arte. No más. La tauromaquia en su expresión, la corrida de toros, necesita de estos dos ingredientes para importar, pellizcar y --ya en exceso-- conmover. Lo último no ocurrió, pero la tarde tuvo varios puñados de eso, de casta y arte, pero por separado. Es la pena.
De los toros de El Tajo y La Reina, del ganadero José Miguel Arroyo, que fue Joselito no hace mucho en los carteles, hubo tres importantes. Tres toros encastados, con su personalidad, detalles, matices. Con importancia en fin. Pero decir que fueron bravos sería un exceso. En su contra un hedor a after-shave que en Bilbao sienta como el culo y una presentación demasiado justa.
Del cartel se había caído Cayetano de forma justificada por lesión. La Junta y la asesoría taurina abarataron costes y presentaron a Leandro, natural de Pucela y nuevo en la plaza bilbaína de Vista Alegre. Conforme estuvo Leandro, al final la sensación fue de un "nos vemos pronto".
En el sorteo hizo pleno. De los tres toros de nota, Leandro se llevó dos. Su primero, de El Tajo, tuvo mucho que escrutar. Con sospechas de manipulación en sus puntas, el colorado fue definiéndose muy poco a poco. De aparente flojera, se le midió en varas, se dolió en banderillas y lo que siempre tuvo y mantuvo fue prontitud, tanta que incluso sorprendió un par de veces a Leandro.
Toro, de no ser por la sospecha de manipulación, muy para disfrutar el aficionado por sus matices. Necesidad de distancia, temple, de mano baja, pero no en exceso. Muy obligado, el toro protestaba. Todo eso iba destapándose tanda a tanda. Nunca había nada claro. El toro siempre sorprendía con algún matiz y el torero resolviéndolo o esquivándolo. Cosas de la casta que no dejaron explayarse al Leandro más artista. Tanto que cuando el matador se fue a por la espada, la arrancada de lejos del toro fue como un ¿volvemos a empezar? Tal vez por eso, el sainete a espadas.
Toro bueno también el sexto. Muy lucido por Leandro en el tercio final cuando parecía que no habría para tanto. El secreto, la distancia y la entrega del torero. Toreo largo en redondo y templado. Leandro muy encajado se entregó y corrigió el protestón calamocheo. Al natural menos acople, también menos distacia, y de nuevo a la derecha. El toro con mucho tranco y un triunfo para Leandro que se perdió con la espada tras precipitarse en un media caída y varios desatinados descabellos.
Pero si Leandro se llevó dos toros importantes, el mejor fue para Sebastián Castella. Un castaño mal presentado, sin impresionar por delante, alto y grandón, que a su paso por el peto se vino arriba y derrochó casta. Bravura exactamente, no.
Se violentó en la primera vara a la que se fue en tromba. Dos puyazos emocionantes y ovacionados. Toro de casta y genio. El quite por chicuelinas de Castella tuvo lo mejor en la media verónica de broche, muy rebozada y en la que el toro se enseñó haciendo el avión con el acelerador apretado a fondo.
El principio de siempre: el cambiado por la espada. La emoción por la quietud de uno y los pies del otro. La faena quedó ahí, en los medios que se la acabaron haciendo un mundo al toro. Para qué engañarse. Tal vez en otros terrenos el resultado de la contienda hubiera sido otro. Pero en los medios el toro no vio más que la muleta de Castella hasta aburrirse y decir hasta aquí, pero sin cantar la gallina. Y si no lo hizo fue por lo bien que administró Castella los buenos pitones. Del manojo de muletazos, un par de naturales. Y por el izquierdo fue por donde se acabó primero, volvió a la diestra, que es como había empezado, una serie más y un desarme. Castella se había pasado de faena tras imponerse en los medios y al matar se le fue la mano un pelín. Y Matías no atendió la petición. A la faena, que tuvo emoción, le faltó enjundia.
En el quinto el francés Castella abrevió. Si el toro no se viene para el cambiado, ¿qué pasa, que no tiene faena o qué? Vulgaridad al animal le sobraba es la verdad, pero un ligero esfuerzo más de uno lo hubiese agradecido.
Morante de la Puebla marcó la diferencia, cuestión de arte. Pese a bailar con el lote más soso y bajo de raza. Los naturales a su primero, los delantales y esa media, el comienzo por ayudados por alto, la torería derrochada, el querer sabiendo que todo sabría a poco, el estirarse por abajo, lo airosos y añejos molinetes y el intentarlo sin apensas toro en el cuarto, fue la diferencia o el arte que faltó frente a tres buenos toros de José Miguel Arroyo, quien como ganadero presenta alguna que otra duda: ¿esos tres buenos toros sin sospecha de manipulación hubieran sido mejores o es que hay que compensar y corregir de alguna manera esos excesos de casta? En fin...
24 agosto 2009
aste nagusia 2009/ vídeo de la tarde de ponce, morante y el cid con los toros de joselito y arranz
La tarde del 20 de agosto, en la que se lidiaron toros de El Tajo y La Reina, a Ponce la espada le volvió a negar el triunfo. Esa tarde Morante pasó de la bronca al alboroto y a El Cid se le fue uno de los pocos toros interesante del ciclo de Bilbao.
Ponce y El Cid con primero y tercero.
Ponce y Morante con cuarto, segundo y quinto.
Ponce y El Cid con primero y tercero.
Ponce y Morante con cuarto, segundo y quinto.
21 agosto 2009
aste nagusia 2009/ y ponce le dio la alternativa a joselito como ganadero
[VÍDEO]La corrida de El Tajo y de La Reina fue desigual en trapío y comportamiento, y a priori una incógnita que debía justificar un debut en Bilbao que sólo se entendía como una favor de Ponce a su padrino de alternativa, José Miguel Arroyo 'Joselito' --y a Martín Arranz--. Y sin problemas Ponce le hizo el favor y le dio la alternativa al Joselito ganadero. Discreto fue el estreno con el primero, que estuvo muy justo. También el tercero era un toro terciado que sólo se tapaba por delante, pero que, por ahora, ostenta el título de toro más importante de las Generales. Y el sexto, al contrario, era el único que se salía por arriba con dos velones y, por lo tanto el más de Bilbao, del que ya queda poco.
Bilbao, se entiende su plaza, Vista Alegre, pierde el norte. La tarde de hoy, a plaza llena, sirve de ejemplo. El público tenía ganas de abroncar a Morante y se le pitó antes de hora y luego a gusto y con razón tras su espantá. Y por eso, a cambio de la bronca, al personal le dio por ovacionar fuertemente a ese segundo toro de la tarde por el simple hecho de joder. Tampoco había para tanto. De una actitud de manso pasivo en los primeros tercios, suficiente para que Morante lo dejará visto para sentencia, pasó a defenderse cuando a Morante le empezó a dar muleta y el público empezó a protestar antes de que el de la Pueba entregase las cartas y de ahí a la bronca final y a la tremenda ovación en el arrastre que deja mucho que desear de clase de público y aficionados de Bilbao.
Y como si apeteciera seguir a la greña a unos cuantos, antes de que el quinto saliese por chiqueros, también se escucharon algunos pitos. Y toro apareció escaso de fuelle pero con nobleza infinita. Y aunque luego no hubo otra que olearle --de olé-- por obligación al contemplar sus tres o cuatro verónicas y sus seis o siete torerísimos derechazos a cuál más despacio y asentado, al final la despedida fue una división de opiniones en toda regla. Menos mal, porque parecía que la bronca era como obligada y la división vino al menos para aportar una pizca de cordura a la tarde.
Enrique Ponce repetía un día después de una gran obra desbaratada por la espada, y siguió sin encontrar solución. Ponce técnico y ventajista, gozó y se aprovechó de los favores de su Bilbao. Su primero, justo de presencia y cabeza, fue templado en el primer tercio, incluso mejorando la fijeza en el peto del primer al segundo puyazo. Las vibraciones eran buenas y el toro de repente sacó aspereza. Vamos, como para que digan que el toro marca en el peto su comportamiento en la muleta. Pues no siempre. Este quedó rebrincado y Ponce puso tierra de por medio y temple. Y por ahí cumplió: intentando torear siempre con el faldón de la muleta para hacerle humillar y así le sacó varios de peso. Lo que faltó: más ligazón y meterse más en el terreno del toro. Pero Bilbao está colada por Ponce y ya ni distingue lo macizo --por ayer-- de las faenas secundarias. Llega a meter la espada y le piden la oreja, pero estuvo hecho un pinchauvas.
Como si lo supiese, que lo sabe, trató de arreglar lo que para él habría sido un feria rotunda de no ser por la espada en su último toro, que no dudo en brindar al público. Ponce de nuevo, subiendo ese escalón más o haciendo lo que tantas veces en casi 20 años de alternativa. El toro era de la casta de las babosas y había que provocarle en demasía para arrancarle un miserable embestida. ¿Pero quién mejor que Ponce para eso? El de Chiva se arreó y como un chaval hasta se arrodilló para arreglar su feria. Pero la maldita espada, de nuevo Ponce, un pinchauvas con título. La pregunta que queda es: ¿Cuánto habría pesado su paso por Bilbao si no llega a ser por los aceros?
Y a El Cid, ay El Cid, se le fue el tercero.Un toro bravo, encastado y complicado al que había que mandar por abajo, llevar largo y ante e que no cabía otra que estar firme y sin dudas, con la muleta por delante, presta, con la colocación exacta. Y El Cid, que de la buena disposición no pasó, vio como el toro se le acabó yendo con casi todo dentro.
El Cid tiene buenas intenciones pero conforme avanzan las faenas se hunde y no ve continuación posible. Las buenas intenciones que demuestra entrando en quites se le van diluyen sin remedio. Así se le fue el tercero un toro con importancia y complicado para el que se pone delante, pero no imposible; y trató de justificacarse con el aplomado sexto, que pese a sus dos afilados puñales, imponía mucho menos. Son las cosas de la casta y la diferencia de cuando la tiene uno a cuando no la tiene otro no. Y con casta y bravura hubo, el tercero. El resto de El Tajo y La Reina anduvieron por las medias tintas.
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