El domingo 17 de mayo se lidió una corrida de El Montecillo de irreprochable presentación. Fue corrida inquieta en los primeros tercios pero de buen fondo. La faltaron grados de casta para ser corrida importante pero se entregó noble en la muleta de los toreros. Sobresalió Adobero, lidiado en último lugar.
Juan Bautista no pasó de correcto en dos faenas académicas pero de escasa expresión. No quiso apostar por el emocionante pitón izquierdo del primero ni estuvo a la altura del precioso cuarto. Tuvo Espantador I clase para poner el alma en la muleta pero esa tarde parecía no fluir la gracia por las venas del torero de Arles.
Con tres tandas explosivas por el pitón derecho comenzó la faena de Alberto Aguilar al segundo de la tarde. Entró la gente enseguida en la obra porque había emoción, ajuste y mando sobre las embestidas. Fue toreo de cite firme para fijar al toro y llevarle con pulso cosido a la muleta. Con menos aptitudes el animal por el lado zurdo, y una actitud menos decidida del torero, la faena perdió calor. Acabó la historia con una ovación para cada uno de los protagonistas y la sensación de que aquello debió tener un final más feliz.
Joselito Adame tuvo la mala suerte de ver como se inutilizaba su primer toro y la fortuna de que entrase en su lote Adobero. La conjunción era ideal, toro encastado y torero en sazón. La gente sintonizó con la faena desde el quite por lopecinas que ejecutó el de Aguascalientes. El remate por bajo de los estatuarios de inicio revolucionó los tendidos. Ofreciendo el medio pecho, con la franela en la mano diestra, se desataron ajustadas tandas de muletazos de minucioso pulso y extremo ajuste. Los remates por bajo de cada tanda cumplieron doble función, impregnar de torería la faena y no violentar al animal, que nada agradecía por arriba. La proposición del toreo al natural fue sincera, hubo momentos brillantes también por ese pitón aunque por ahí se hacía más renuente la embestida de Adobero. Incluso pareció amagar con rajarse. El torero debió sentirlo así porque inmediatamente se fue a por la espada y despachó a su enemigo de una formidable estocada recibiendo. Adame estuvo listo para aprovechar las cualidades del toro pero quizá se le puso en contra tanta clarividencia. Quedó la sensación de que a la faena la faltaba algo para las dos orejas, debió exprimir más al toro, bien para mostrar si era cierto que Adobero quería rajarse, bien para terminar de cuajar la faena que le valiese la puerta grande.
La segunda novillada del abono llevaba el hierro de Conde de Mayalde. En líneas generales tuvo poca raza, sacó genio y resultó ingrata para los que se pusieron delante. Salvó la tarde en el aspecto ganadero el novillo lidiado en cuarto lugar, Agachado de nombre, que lució más virtudes que entre todos los que salieron al ruedo esa tarde. Novillo bravo de verdad.
Roca Rey tuvo un lote imposible, pero no dejó un resquicio de duda sobre su proyección de torero importante. Valeroso y con recursos volvió a camelar a la afición que le vio salir en hombros hace escasamente un mes. Derrochó ganas pero sin crispaciones, todo templado, medido y con mucha cabeza. Se arrimó como un desesperado para obligar a sus novillos a tirar para adelante pero fue tarea imposible.
Clemente no dejó la misma impresión, con poco oficio, navegó en un mar de dudas que dejó entrever la poca evolución de su tauromaquia. Destacó entre las cuadrillas la profesionalidad de Morenito de Arles.
El martes 19 enviaban los Hermanos Lozano la primera de las dos corridas que van a lidiar en el serial con el hierro de Alcurrucén. Fue un lote desigualmente presentado pero fino y serio, de armónicas hechuras como corresponde a los toros que proceden del encaste Núñez. El juego que ofrecieron también se mantuvo bajo los parámetros de lo que se espera en esta ganadería, poca atención de salida pero fondo y clase en el tercio final. La característica común del encierro fue la humillación.
Antonio Ferrera tuvo que tirar de arrestos para meter en la muleta a su primer toro, que embestía con violencia indómita. El aire puso a prueba la firmeza del extremeño que nunca se arrugó y puso orden en unas embestidas complicadas de sujetar. El viento se llevó la posibilidad de ver en plenitud al torero y al toro. Faena de mucho oficio que no dejaría satisfecho al matador que estuvo dispuesto pero con esas condiciones era imposible estar mejor. El cuarto tuvo menos chispa, Ferrera de nuevo le hizo todo como si fuera bueno y sacó el partido que pudo del largo viaje que el toro ofrecía por el izquierdo. Falló a espadas pero dejó ver el buen momento que atraviesa es su carrera.
El Capea tuvo el lote intermedio de la tarde, un lote suficiente para apostar, para decir algo si de veras quiere navegar con justicia en este mundo. Era la oportunidad perfecta para justificar su inclusión en una feria que entró sin haber contraído ningún mérito. Nada demostró Perico, que se marchó de la plaza con la esperanza de seguir siendo el capricho del empresario para que le vuelvan a contratar en 2016.
El miércoles 20 de mayo se celebró la corrida de la Prensa con un cartel de menos fuste que en pasadas ediciones. Como no podía ser de otra manera, esa tarde el primer recuerdo fue para David Mora, que aún sigue convaleciente del percance que tuvo hace un año en esta plaza. Se lidió una floja corrida de Jandilla que apuntó virtudes pero que salvo el toro lidiado en cuarto lugar careció de la potencia necesaria para desarrollarlas. Gestor maquilló el fracaso del ganadero.
El Fandi tiró de repertorio para gusto de sus simpatizantes e indiferencia de la mayoría del público que ocupaba el tendido. Bien con la capa, espectacular en el segundo tercio y poca sustancia en su rígida muleta. Una tarde de pocos argumentos la del granadino.
El jueves se llenó la plaza hasta la bandera para ver uno de los carteles más apetecibles del abono. Salió de chiqueros una destartalada corrida de Núñez del Cuvillo de impropia presentación para esta plaza. Encima estuvo al límite de fuerzas. Tuvimos la suerte de ver salir un sobrero de El Torero que sin duda será de los toros a tener en cuenta a la hora de los premios. La excelsa bravura de Lenguadito fue punto de encuentro entre lo que busca el ganadero, lo que necesita el torero para expresarse y lo que hace disfrutar al aficionado.
Fue el toro perfecto para ver la depurada versión del toreo que actualmente está ofreciendo Sebastián Castella. El inicio fue marca de la casa, garbosamente rematado por bajo. Naturalidad a derechas en tandas perfectamente ligadas de hasta siete muletazos. Ni un solo tirón, todo pulso en el de Béziers que cuanto más despacio se pasaba el toro por los muslos más parecía disfrutar. Colocación exacta, ni un paso de más, todo a giro de talones. Al natural voló la muleta sin un solo toque, ni para citar. Fue toreo de dejar muertos los flecos adelante y abandonarse, soñarlo. Tan inverosímil como embriagador. Mejor torero es Castella ahora que nunca porque para torear así hace falta el mismo valor que antes se le cantaba, pero una técnica más exquisita. La travesía del estoque sobre el morrillo de Lenguadito quitó la gloria de la puerta grande al torero de francés.
La tarde tuvo poca historia más ya que Talavante no se dio coba con dos toros inútiles. Se aplaudieron las actuaciones de Óscar Bernal sobre el jaco, la brega de José Chacón y los pares de banderillas de Juan José Trujillo.
El cartel que cierra la semana que nos ocupa también lució el “no hay billetes” en la taquilla. Tarde de mucha expectación para ver el único paseíllo que iba a realizar José María Manzanares. Sumaba importancia al cartel Miguel Ángel Perera e hizo labores de telonero Juan José Padilla. Se eligió con esmero para la ocasión un hermoso encierro de la ganadería de El Pilar, que defraudó en gran medida ya que su raza no estuvo al nivel de su lustrosa apariencia.
Nadie será capaz de reprochar a Padilla sus ganas de satisfacer a todo aquel que paga una entrada, pero debemos considerar que su tauromaquia no luce refinado estilo. Tiene otras muchas virtudes el jerezano, pero esa tarde sus animales precisaban tacto cristalino. Su endeble lote tuvo nobleza para seguir las telas cuando se le trataba con mimo, pero desordenaban sus embestidas tirones y toques a destiempo, por esta falta de tacto no pasó de vulgar con el primero y vio rodar por el ruedo varias veces a su segundo, que desbordaba clase entre los trallazos de Padilla. Puro trámite la tarde de Juan José.
Manzanares es torero importante, tuvo una gran oportunidad para convencer a indecisos, es cierto que habrá siempre quien le niegue sus cualidades por sistema, pero no menos cierto es que hay que exigirle más verdad sobre el ruedo. No podemos caer en la tentación de quedarnos con su tauromaquia de superficie cuando le sobran condiciones para calar más hondo.
Perera tuvo un lote imposible pero dibujó tres naturales de largo trazo y ritmo lento en el tercer acto del festejo que fueron lo más sustancioso de la tarde en lo que torería se refiere, junto a los pares de banderillas de Curro Javier.
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