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02 noviembre 2015

#cifrastemporada2015. la cifra definitiva

El 8 de febrero de 2015, con este tuit, empezamos a sumar bajo el hashtag #CifrasTemporada2015...


Y ahora cerramos un ciclo redondeando la cifra (lo más realista y aproximada a la realidad que nos ha sido posible) de asistencia a las plazas de toros en Europa durante la temporada 2015. Aquí hemos sumado corridas de toros, novilladas, rejones, novilladas sin picadores, clases prácticas y un número considerable de festejos populares que se han celebrado en ferias y plazas de revelancia.

Esto es solo un ejemplo de lo que podría empezar a hacer el sector de modo oficial a partir de ya mismo. Pagando, claro. Y no esperando que alguien se lo curre por amor al arte. Es solo una idea, si de dar sensación de industria cultural boyante se trata.



Aproximadamente 5.150.000 de personas a los toros.
Aproximadamente 5.150.000 de entradas vendidas.
 5.150.000 posibles movimientos, desplazamientos, 
almohadillas, cafés, comidas, cenas, meriendas,
cañas, tapas, habitaciones de hotel o depósitos de gasolina.

Cinco millones ciento cincuenta mil personas.
Aproximadamente. O quizá alguna más.


Hasta aquí hemos llegado sumando día a día, semana a semana, feria a feria.


10 septiembre 2015

#feriadealbacete/ álvaro lorenzo y ginés marín se montan encima de una escasa novillada de juan pedro


Cayó Roca Rey del cartel tras recibir una cornada de novillero que viene abriéndose paso a dentelladas. Muchos venían por verle a él y lo mejor es que mucho fuimos los que, aun sabiendo que el peruano no actuaría, no dejamos perder la novillada.

La novillada de Juan Pedro Domecq (el primero con el hierro de Parladé) dejó mucho que desear. De bonancible carácter, faltó fondo, fuelle y raza para empujar y querer más, y sobre todo le faltó presencia y menos sospechas en los pitones.

A Álvaro Lorenzo y Ginés Marín no les quedó otra que subirse encima de sus novillos. Varea, por su parte, se estrelló contra un inválido que fue mantenido en el ruedo por incopentencia presidencial o intereses empresariales --sino no se entiende-- y buscó con todo y por todos los palos sumarse al carro del triunfo. Cuando más se acercó fue cuando fue más él. El Varea que sueña y se va tras las embestidas.

Van de sustos los arranques en esta Feria de Albacete. Si ayer fue el cornadón al piquero Marcial Rodríguez, hoy fue una tremenda paliza Álvaro Lorenzo en el saludo capotero. Al segundo lance, se le metía por dentro y lo arrollaba, lo lanzaba, lo levantaba y lo volvía a lanzar cual ovillo. Desde la primera raya hasta los medios. Una paliza de la que Lorenzo salió sin mirarse y echando capote y meciendo la verónica con su personal buen estilo. Muy despacio.

Cuando se acompasa a la embestida aquello sale perfecto. Otras monta el lance antes de tiempo y no lo mece tal cual. Hay veces que parece que, más que crear el lance desde el embroque, el toro lo encuentra ya hecho cuando llega a jurisdicción

La colocación de Álvaro Lorenzo también es de nota. Da los pechos y liga en un palmo. Muy entregado. Con los riñones asentados. Ese novillo, con la marca de Parladé, sería al final el más destacado de todo el lote. El de embestida más expresiva y enrazada. No claro. Una vez con todo y otras como si no fuese con él; los doblones de inicio, barriendo por abajo, fueron esenciales para que se viera el buen fondo ante la exigencia. Un cambio de mano rodilla en tierra de cartel.

Por la diestra mucho mando. Enorme la seguridad. El paso adelante. Muy hundida la mano. Emocionante la ligazón. Y además lo hace con gusto. Da el pecho y no pierde un ápice de encaje. Se recuesta por el izquierdo, pero le echa igual los vuelos. Pero el nivel de la destra no se alcanza. Estocada mejor de ejecución que de colocación. Oreja seria.

El castaño segundo es una pintura. Hechura perfecta. Con cuello estirado. Escaso poder y mucha la clase. A los toques se abre. Por chicuelinas el quite. Un regate en la primera enseña eso, las otras ya torean. Los ayudados de inició son una pintura. Hay dos por alto, otro por abajo que los firmaría el más clásico. Y luego la faena tiene un paréntesis... Hasta que al natural Marín encontró la tecla. Muy despacio, encajado y rematando en la cadera. Muy ajustado y vertical todo. Arrimón cabal, de motarse encima sin medio aspaviento. Estocada y oreja a una faena a más a la que no le hizo falta la música.

Del cuarto, la buena expresión al galope. Aunque embiste a su altura. Inicio ya colocado para torear. Muy agarrado y tardo el novillo. Cada vez más. Pero más agarrado todavía Álvaro Lorenzo. Arrollado. Su plena confianza en la mano diestra. Mucho poder hay ahí. Y otra vez la postura sincera. Entrontilado y suerte cargada. Arrolador y mejor estocada. Oreja que le abría la puerta grande.

Ginés Marín se sumó al carro del triunfo. Oficio resolutivo y apostura natural en pleno ataque encimista, porque no había otra frente a otro juampedro que no daba para más. Estocada caída. Faena inventada y oreja.

Si el inválido tercero fue imposible, a Varea no le quedó otra que salir a por todas con el sexto. Faroles y manojo de verónicas tremendas en el saludo. Echando el cuerpo muy hacia adelante, toreando con todo. El quite, arrebatador a la verónica. La media a pies juntos, de ensueño. Las rodillas otra vez al suelo. El juampedro, como casi todos, perdía las manos a la mínima. Hay un cambio de mano que remata el inicio. En reondo un par de tandas. Sí... pero no. El novillo no se contagia. La faena, a pinceladas. Del tercio a los adentros. La llave mágica no termina de aparecer y el conjunto no encuentra definición. La espada emborrona todo. 

Álvaro Lorenzo y Ginés Marín se marchaban por la puerta grande. Roca Rey dice que se convertirá en matador de toros el próximo 19 de septiembre sí o sí. Eso será en Nimes. Hoy López Simón, a quien Marín le brindó un novillo,  se estrena en Albacete. Pero eso ya lo veremos por la tele.

09 septiembre 2015

feria de albacete/ la quinta y escribano ponen la casta y el toreo; el triunfo menor es para adame

Es la Feria de Albacete ejemplar por la fiesta popular y también por la ritual. Son ríos de gente por aquí y por allá durante diez días enteros. Y lo que se vive en la calle feria, pasando por el pincho donde queda todo quisqui, hasta el mismo templete, que es el centro de la conocida sartén o recinto ferial, tiene su reflejo en el torero y enjuto coso, que además está en pleno meollo y forma parte indisoluble del todo, mientras el pueblo así lo disfrute. Casi tres cuartos de aforo (7000 personas) para arrancar con un cartel para aficionados como era esta corrida de La Quinta --¡qué corrida! por presentación irreprochable y contenido encastado variado y de interés-- es un lujo. El cartel traía un maduro 'recuperado', otro que está echando un temporadón de órdago, de esos que, hace 30 años, ponían a cualquiera en figura e incluso a mandar, y para cerrar un mexicano más listo que el hambre capaz de cruzar el charco de triunfo y triunfo. Para él fue el triunfo gordo, aunque más allá de sendos espadazos en la suerte de recibir, sobre todo el recetado al sexto, poco queda de imborrable en la memoria, pese a llevarse el mejor lote.

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Lo peor de todo fue el arranque. Abrió plaza un precioso cárdeno claro de frente nevada, hondo, largo, astiblanco y astifino. Vino cruzado al capote de Eugenio de Mora, rebañó por el izquierdo, pegó varios regates y luego regaló varias embestidas buenas, gateando incluso, como solo lo hacen los toros de Santa Coloma. Todo en escasos de segundos. No había hecho más que empezar la corrida y la cantidad de datos podían confirmaban que no era un corrida de toros más.

El guapo 'Quincayero', de 575 kilos, embistió al piquero Marcial Rodríguez, que no encontró toro y metió la puya en la arena. Trató de rehacerse, clavar en el lomo y detener el arreón de poder del toro, que desplazó la embestida a la grupa, levantó al jaco por ahí y Marcial cayó de latiguillo a los pies del caballo y junto a los del toro. La viva embestida de 'Quincayero', esa capacidad de cambiar en décimas de segundo hizo contener la respiración y esperar lo peor. De la pelea en el peto salió victorioso y de esa levantó a plomo al piquero y las finas puntas se perdieron por la ingle y avanzó con él y lo soltó hecho un guiñapo y con un inapelable cornadón. La Feria de Albacete, la del rito real, había empezado también.

Pero cómo fue ese tercero, de nombre 'Detenido'. El toro que encumbra una corrida en la que sale el barrabás, el listo, el que se deja, el que quiere y el que saca fondo de bravo cuando mejor se lo hacen. Pero salió ese 'Detenido' para marcar diferencias y encumbrar la tarde. Ya de salida, con un galope un tanto desordenado, ponía el hocico por delante y lo hundía en la arena, y así repetía codicioso. Ágiles verónicas de recibo hacia los medios, ganando terreno, de Adame. En el peto ganó el toro pese a empujar con feo estilo. De cara arriba y cabecear. 

La corrida, un tía seria y astifina hasta decir basta, fue por naturaleza de cara alta. De empujar petos y llegar a las maderas con la cara alta, pero tuvo la virtud --salvo el apretado y sin cuello cuarto-- de descolgar y buscar los vuelos y seguirlos (eso ya es otra película) con mayor o menor codicia o entrega. Lo que parecía que no, al final descolgaba. Y este 'Detenido' fue de nota alta. Bravo. De los que admiten pocos o ningún fallo. 

En el quite por Chicuelo de manos bajas el cárdeno de La Quinta vuelve a cantar su clase y su codicia. En banderillas corta y, como en casi toda la corrida, el segundo tercio se complicó. El toro quiere por las dos manos. Adame en tanda y media deja insevible el pitón izquierdo. Por esa mano se abre y vuelve y quiere. Pero Adame liga un enganchón tras otro y 'Detenido' un poco más y se monta encima del mexicano. Por la diestra ligo trayazos de inicio. Muletazo breve, sin mando ni gobierno. Un cuarto de muletazo vaciado de cualquier manera. Y fue, una vez reventado el pitón izquierdo, cuando por el derecho descargó la suerte e hilvano efectista toreo periférico, que tanto gusta en la afición albaceteña. No en vano el pererismo aquí es casi religión. Pero Adame descargó la suerte con descaro y no ciñó embestidas salvo cuando la propia casta brava del animal obligaba a ello. Era entonces cuando Adame salvaba los muebles con los forzados y defensivos de pechos, molinetes, trincherazos y demás. Lo mejor, la estocada recibiendo. Estaba el toro entero... y zasca.

Gran estocada la del sexto. También recibiendo. Otro toro que llegó entero a la suerte suprema y al que tampoco se le sometió. 'Botellero' su nombre. Otro toro rico en matices. Su primera reacción al sentir el hierro fue dar una coz. Pero de ahí se revolvió y empujó con fija codicia y tomó una segunda vara de largo, siendo el mejor toro de la tarde en el caballo. Joselito Adame recurrió otra vez al toreo periférico en noria. Algo que gusta en Albacete. Pero la realidad es que 'Botellero' se fue con todo. Entero al cite en la suerte de recibir, y estocada en la misma yema de la que salió rodado. Una y una dos orejas.

La tarde redonda fue la de Manuel Escribano. No es ya el momento del torero de Gerena. Es la capacidad de administrar embestidas. Cualquier tipo de embestidas. 

Su primero se llamó 'Escribano' también y aunque casi cien quilos lo diferenciaban del cabrón primero, el trapío hizo pasar desapercibido ese detalle. La visión del toro o su forma de mirar era como para volverse tarumba. Venía cruzado, medía por ambos ojos, movía la gaita y la llevaba siempre por arriba, sin descolgarse, salvo cuando las telas obligaban. Pese a todo Manuel brindó la muerte de 'Escribano' al público. Porque era su presentación en Albacete. Del inicio de faena, brillan como una revelación un cambio de mano y su ligado de pecho. La mano zurda vuela, los flecos tirán con temple proverbial. Manuel Escribano, en casa de Dámaso, se postulaba a rey del temple en la actualidad. Y el inherente, necesario y silente valor que sostiene un concepto tan clásico, como versatil. Le falta un tramo de más al toro, que se sale con la cara alta. Por la derecha se lo enrosca. Por ahí le duele menos embestir al de La Quinta y Escribano lo mece por ahí en muletazos sin fin, muy acinturados, pero en cuenta gotas. Del intento al natural surge un redondo por la espalda. Ahí la gente parece enterarse del mérito de aquello. Estocada y oreja a una faena de mérito.

Una raspa es el quinto. Serio, abriendo la cara. Es muy vareado. La suavidad de Escribano de nuevo. Todo muy con los vuelos, llegando con ellos al hocico. Por la diestra hundo más la mano. Dice poco el toro y hay que apretarle. Pero no se entrega. La estocada cae defectuosa y el descabello emborrona una tarde de triunfo.

En el entreacto que va del quinto al sexto el equipo médico volvió al callejón. Dos horas se habían pasados con el cornadón del picador Marcial Rodríguez. El público les ovacionó.

Eugenio de Mora ni se llevó el lote ni sacó a relucir recursos. Su primero fue un barrabás. Muy orientado, midiendo por encima del palillo. Pajareó el toledano de inicio y todo eso lo captó el toro. Por el izquierdo ni uno y siempre sabía que algo se quedaba detrás. Y el cuarto fue el de peores hechuras y el único negro. Muy apretado del tren delantero y sin cuello. Embestida atrancada, sin terminar de pasar. Eugenio de Mora sin recursos no dejó de sumar dudas en toda la tarde.